Casi como un juego cotidiano empecé a preguntarme qué me trata de decir la vida a través de la realidad que me rodea. Hace un par de días, en uno de mis momentos Pentecostés 🔥 me pregunté qué dice de mí la hiperinflación. 

Pensé en todo el esfuerzo que muchas veces he invertido en vivir situaciones que no tienen una base sólida en la realidad. Por mucho tiempo he otorgado tanto valor a las estructuras, esos grandes hitos del éxito social como lo son la carrera, el matrimonio, la casa y la empresa propia. Pero en estos días, a propósito de un intenso momento de simplificación que estoy viviendo, me he dado cuenta de que necesito tan poco para estar bien que me sorprende lo mucho que me compliqué la vida pensando que las cosas y los títulos me iban a dar una estabilidad que no estaba afuera, en la matrix.

En la medida en que he dado más cabida en mi vida a lo que es real y no a lo que mi imaginación inventa (así como se imprime dinero inorgánico que parece riqueza pero no lo es), he cultivado el hábito de ir más lento, de observar mis emociones y sensaciones corporales, de palpar con coraje esos vacíos que por tanto tiempo ignoré y solapé con listas infinitas de pendientes y necesidades ficticias.

He creado el hábito de hacer silencio y estar mucho tiempo a solas conmigo misma, enfrentándome a mis preguntas (atravesando el miedo a saber mis propias respuestas, esas que son irreversibles). He encontrado el valor para admitir que mucho de lo que por tanto tiempo valoré simplemente era la aceptación de la idea social del éxito. 

Aún sigo inventando, investigando dentro y fuera, siendo honesta conmigo misma para dejar de pelear con molinos de viento y dejar atrás los billetes de monopolio.

¿Es la inflación un reflejo de nuestra distorsión de lo que es realmente valioso en nuestras vidas? ¿Por qué en lugar de inventar la sensación de que tenemos algo no nos atrevemos a sustentar nuestra existencia en algo más que las cosas que tenemos y el dinero guardado en la cuenta? La oportunidad de que el dinero no valga nada es que podemos preguntarnos qué somos sin él. Y hagamos algo memorable con nuestras ruinas. 

Venus está retrógrado en Escorpio y la oportunidad es de oro para preguntarnos qué es le da valor a nuestra vida.