He pasado demasiado tiempo viviendo en la mente.

Ese repositorio de ideas que tantas veces no me pertenecen.

He personificado el optimismo exagerado. Siempre empujando hacia adelante. Haciendo, todo el tiempo haciendo. Lo mío, lo de los demás. Todo, en nombre del logro de un objetivo.

Hoy escribo cansada, con dolor de espalda, con vértigo. Ha sido un round tras otro y ya no me provoca levantarme. Me rindo. Por primera vez esta sensación fría del cachete contra el piso no se siente como una derrota. Por fin estoy atreviéndome a sentir. Ya no estoy forzando la euforia, las mariposas. Estoy dejando que mi cuerpo sienta tristeza, pérdida, vacío, decepción, angustia, desesperación, desesperanza, miedo.

Fluyo con el mareo que me desencaja, cierro los ojos en la montaña rusa. Caigo.

Siento el dolor de espalda y descargo el exceso de peso. Entrego el dolor que no me pertenece.

Elijo sentir porque ya estoy harta de pensar.

Siento e intuyo mi verdad.

Me desvanezco en estas palabras que por primera vez no responden a un esquema, a una planificación. No intentan agradarte, reflejarte o conmoverte. No intentan hacerte cambiar de opinión. Ya no me importa.

Siento y por primera vez me encuentro. No quiero sonreír, y eso está bien. No quiero preocuparme por ti, y eso está bien. Tengo ganas de llorar y no siento vergüenza al mostrar mi llanto. Soy este dolor que se encaja en el estómago como una puñalada y recuerdo que estoy viva. Las mariposas de mentira se han ido. Solo siento el filo frío entrar y salir de mis costillas y respiro. Duele. Sigue doliendo. Dejará de doler. Dejará una cicatriz. Seguiré.

No tengo ánimos de leer frases de autoayuda. De pensar que todo estará bien. De aspirar el retorno de una ilusión. Reposo en la humildad y la sencillez de un piso frío que me recibe y me recuerda que esta incertidumbre también es la vida. Aunque la mente quiera rechazar cualquier posibilidad de derrota. Aunque la palabra fracaso retumbe como un eco espeluznante. Aunque tu cara de lástima se arrugue frente a mi piel desnuda. Aunque elijas el escape y la indiferencia. La miro, ya no tengo miedo. Porque soy esto. Sin escudos. Sin moralejas. Sin máscara.

Basta de fingir.

Porque el amor no es fucking disney, ni finales felices.

Porque amar es la aventura de sentir dolor, hastío, vergüenza, cobardía, rechazo, vacío, silencio. Porque el amor no tiene elipsis y desde que nace comienza a morir, aunque la muerte no exista. Porque elijo amar, suelto el control. Porque aspiro a besar con el alma, a fundirme en el otro en un orgasmo definitivo, porque amo y soy amor, acepto que el amor duele, cambia, huye, vuela, punza, renace, canta, baila, grita, insulta, crece, cambia. El amor es. Aunque no te atrevas a nombrarlo por temor a reconocerlo. Aunque no te atrevas a sentirlo por temor a padecerlo.

No hay elección posible.