Ayer abrí Instagram y vi, una tras otra, imágenes suplicantes de cuentas invitando a sus seguidores a activar la opción de recibir notificaciones cada vez que estas hacen una publicación. El anuncio de que la red cambiaría los algoritmos y comenzaría a pensar por nosotros para mostrarnos lo que ellos piensan que queremos ver, despertó más alarma que la apocalíptica venida del Papa negro. En cuestión de minutos miles de cuentas publicaron la misma imagen con un color o un logo distinto. Me imaginaba el celular de quien osara activar las notificaciones de todas las cuentas que sigue. Baterías explotando en 3, 2, 1. Mil notificaciones hacinadas en la pantalla y un usuario incapacitado para revisarlas todas. 

Vivo de trabajar en las redes sociales. Mi rutina transcurre entre bits y lo digital me mantiene. Me gusta mi trabajo y quizás el hecho de que el social media sea un oficio me permite pararme a cierta distancia de algunos fenómenos. Con los años he hecho costra. He entendido que mientras hay gente que sufre por la partida de un seguidor, o por el estancamiento del crecimiento de seguidores en su cuenta, en algún lugar del mundo un niño muere de hambre o un neurocirujano abre un cerebro para sanarlo. No es que no sea importante, es que no es razón para hacer crisis.

Más que hablar de redes, de notificaciones y de algoritmos, sentí la necesidad de reflexionar en voz alta sobre los comportamientos compulsivos que a veces nos generan las redes. Lo primero es esa necesidad de ser parte de la tribu, no matter what. Lo que priva en la red es la prisa y por eso la creatividad y la autenticidad muchas veces son las primeras sacrificadas. “La tendencia” se impone. Así, el día de ayer el TL de Instagram era un eco de gente ansiosa demandando atención.

Mi experiencia y mi creencia: el contenido bueno y valioso mueve al usuario. Lo seduce, lo engancha y lo compromete. Y para mí ese es el verdadero reto.

Otra observación alarmante: los altos niveles de reactividad. La gente no esperó a que se cumpliera la profecía. Reaccionó sin esperar que comenzara a funcionar el algoritmo. Sin esperar para ver el comportamiento de su comunidad con las nuevas reglas. Nada. Alguien tuvo la idea de hacer estas imágenes invitando a activar las notificaciones y los demás lo siguieron como en una suerte de coreografía digital.

Mi reto como community manager y productora de contenidos es que la gente active las notificaciones de las redes que llevo PORQUE QUIERE. Porque de verdad le interesa el contenido, porque lo que hacemos en MAGA es tan bueno, aporta tanto, es tan interesante, que la gente, libremente decide seguirnos la pista en cada publicación que hacemos. Y si no quiere hacerlo, pues bendito sea su libre albedrío.

¿Por qué es tan importante el cambio de algoritmo de una red social? ¿Qué nos está faltando que necesitamos mendigar tanta atención? Ese exceso de protagonismo, esa sed de likes, habla de nuestras carencias. Y si ya podemos dudar de la existencia de lo que percibimos con nuestros limitados sentidos, imagínense qué quedará para esa suma de píxeles que tantas veces construyen espejismos. La invitación es a fortalecer nuestra autoestima, trabajar en nuestra esencia y contenido original y ofrecerlo a otros como un servicio. Porque también en el social media el desafío es ganarle al ego.

“Seamos reales” decía el poeta. Y nadie espera leer en las redes cosas como “acabo de descubrir que mi marido me monta cacho” o ver la foto del cerumen de nadie (asco). Lo que sí creo que debemos ejercitar es la comprensión de que las redes no son un fiel reflejo de la realidad. En muchos casos son la fantasía aspiracional de mucha gente. Y está bien disfrutar el juego y hasta vivir de él. Pero todos tenemos la responsabilidad de llamarnos a tierra de vez en cuando para recordarnos que ese pedacito de “realidad” es solo eso. Especial apoyo merecen los niños y adolescentes en formación que seguramente están midiendo su popularidad y aceptación social por las reacciones que generan sus publicaciones en línea (y menos mal que cuando yo era joven y estúpida no existían las redes sociales).

Juguemos, aportemos, generemos contenidos relevantes y valiosos y establezcamos vínculos sinceros con nuestra comunidad. Nadie es monedita de oro, ni siquiera en Internet. Seduzcamos en lugar de mendigar, celebremos la aceptación de los que nos quieren y dejemos en libertad a los que no conectan con nuestro mensaje. Punto.